lunes, 30 de noviembre de 2015

Sácate de mi

No te vas a quedar aquí.

Ni que fueras un aguijón.
Ni siquiera te pareces al llanto del niño que no duerme.
No pienses que eres la primera vez que veo el mar.
Ni el primer día que me perdí en la calle y agarré la mano de aquel viejo desconocido. O joven por conocer. No.

Ya he visto a alguien morir de desilusiones.
Ya he matado por conseguirlas.
No eres nada que no pueda olvidar. O matar.
Entérate.

Te piensas que ya formas parte del contexto. Que eres mi punto de aproximación. Punto y coma. Desaciertas. Te acercas más a la interrogación de un por qué cojones te dejé pasar. Si no llegas a la altura para montarte en la atracción sin vomitar.

Ahora quiero que te vayas. No te lo voy a suplicar. No me lo vas a reprochar.

Te has ido. Y no porque hayas querido. Sino porque yo he podido.

sábado, 17 de octubre de 2015

Emigración emocional

Cuando me dices que te vas el cielo se hace añicos y llueven cristales, se cierran las flores de Versalles y todas las lagartijas pierden su cola. Cuando haces la maleta Rose no se salva del naufragio, se derrumba la Torre de Pisa y roban los deseos de las fuentes. Sabina nace mudo y a Ana Frank no le regalan un diario. Cuando abres la puerta rompen a llorar los sauces, gritan los vientos del norte y tiembla el suelo de dolor. Cuando coges el tren se le rompen las cuerdas a Cobain, cierra el bar de abajo y se le acaba el oleo amarillo a Monet. Se adelanta el ocaso, se muerde la lengua un cómico, Iniesta falla en el minuto 116. Forrest Gump no se sienta en el banco, Mario no encuentra a Peach, Mandela nace blanco. Se para el reloj de Sol un 31 de diciembre, encarcelan al inocente y liberan al depredador. Cuando ya no estás un niño se cae del columpio, un cáctus se deshidrata y un poeta pierde la inspiración. Los días que me acuerdo del momento en que te fuiste una madre pierde a un hijo, un hijo pierde a una madre y un padre siente que sobra. El día que asumí que no volverías aprendí que el dolor te ayuda a crecer y que Peter Pan era un niño sabio. 
No te vayas, no me duelas.  

sábado, 3 de octubre de 2015

Ya lo entiendo todo. El dolor y el placer ligados, dice Gorvett. Como cuando te tocas una muela que esta saliendo con la lengua. Como cuando comes comida picante. Como meterte en una bañera hirviendo. Como tatuarte. Como la absenta, O el orgasmo, Larga lista de sensaciones soportables y benignas.
Parece que nos luce automachacarnos. Con todo el elenco de excitaciones que se pueden experimentar y elegimos aquellas que van acompañadas de ¿dolor?. Bonita y mentecata estupidez humana. 
Aunque defiendo al practicante. Hay algo de atractivo en todos esos actos de sufrimiento placentero. No se puede explicar, vas más allá de la pura biología. Es anteponer emoción a la propia cuestión. Posponer la razón al corazón, Sabes que te va a doler, picar, escocer, sangrar, pero asumes el proceso porque la consecuencia (crees) será plácida. 
Por eso el amor (del tipo que sea) es aprender a disfrutar del dolor, cuando sabes que éste trae consigo gloria. Porque para bienestar primero tienes que malestar. Eh, y no siempre es así, y no digo que haya que soportar hasta no poder con el suplicio, que callarte y aguantar el tipo sea la opción acertada. Pero si la decisión acertada es, por definición, la que más beneficio nos aporta, has de saber que en dicho beneficio reside el coste, no sólo ingresos. 
Con esto quiero decirte que un día esa muela dolorosa se cae, que el wasabi se utiliza en la alta cocina, que nos gustan las duchas calientes, meternos tinta en la piel, emborracharnos, hacer el amor. Y enamorarnos. Que "lo bueno" sin "lo malo" no existiría.

martes, 29 de septiembre de 2015

Carreteras de papel

No me he dado cuenta, no sabía que estabas fuera de servicio. 
No había ni un solo cartel que me indicase que estabas mal asfaltado, lleno de baches y grietas que me dificultasen así el trayecto. Pensaba que eras una desviación más. Que podía ir en automático sin preocuparme de la velocidad, de radares, ni de cuánto quedaba para llegar. Sin semáforos, sin colas ni atascos. Creía que la única preocupación del camino era elegir la emisora y cambiarla cuando algún tonto hablase de cosas que no interesan. Pensaba ir con las ventanillas bajadas hasta llegar a mi destino, que el viento entrase y se llevase el humo que he dejado por culpa de la impaciencia. Me daba igual tener que comer por el camino por que a mí (como a Segarra) me gusta conducir. 
Tampoco sabía que sólo llevaba una rueda de recambio y, que sí, que una vez me la podías pinchar, pero... ¿dos? No, eso ya es pasarse. Porque estoy cansada de tener que llamar a técnicos para que les pongan parches y las inflen de nuevo, cuando yo no tengo la culpa de que tu asfalto sea de mala calidad, de que, quienes te hicieron o te debieran preservar y mantener (que no siempre son las mismas personas) no hayan cumplido su trabajo. Y si se da el caso, pues, ¡joder! poned una señal para que sepa que no debo circular por aquí.
Aún así reconozco que han habido tramos que, aunque efímeros, han sido entretenidos, pero de nada me ha servido cuando a los cinco minutos me encuentro con peajes que me recuerdan lo caro que me ha salido escoger esta vía. Tú vía. A ti joder.
Pero bueno, menos mal que se me ocurrió (aunque casi tarde) desempolvar el GPS y buscar la salida más próxima hacia una gasolinera, que por suerte, estaba lo suficiente cerca como para aguantar con el pinchazo. Menos mal que tenían ruedas de reposición y carburante del bueno y pudieron solucionar el daño. 
A pesar de la mala experiencia me sigue gustando rodar por carreteras. Ilusionarme con el ruido de mi motor. De sentir. De enamorarme de un camino.
Ah eso sí, no os preocupéis que ya me he encargado de tachar la calzada del mapa de carretera. 
Con esta no me equivoco más.

La introducción al caos

 Éste blog no tiene otra finalidad más que la de dejar tecleado lo que siento y lo que no. Lo que pienso y lo que no. Lo que me pasa y lo que no. En definitiva, todo aquello que vivo y siento en mis carnes, y por supuesto aquello que no. Aquello que aunque no sea parte de mi, creo necesario compartir sin un porqué. Si no lo entiendes no te preocupes, no me entiendo ni yo, si lo hiciese no escribiría esto para mi. Ah, que no lo sabes... Ésto no es para que lo leas tú, aunque si quieres... Puedes quedarte.