Ellos*: aquellos que en tus mayores dificultades te han regalado felicidad sin contra reembolso, pero que con la mayor facilidad son capaces de hacerla añicos.
De conocer tus valores, tus metas y reconocer tus logros.
Que el destino no está en nuestras manos es una frase que sólo he escuchado en bocas temblorosas de cobardes o escasos de experiencia. Es la legítima excusa para no dar pasos sobre arenas movedizas por miedo a ser engullido por una decisión errónea, por miedo a fallar. Pero la ley solo es una decisión socializada. Ingenuo. Camina.
Me río de tu m2 de confort, tú no sabes lo que te estas perdiendo, así jamás te vas a encontrar.
Búscate, escríbete. Que la ciencia infusa no existe. Que el mañana no sólo depende del resto, resta. Número positivo. Hay un coeficiente que solo manejas tú, depende de ti.
No hay milagro ni luz guía. No eres rey. Mucho menos mago.
Eres un semejante -a nada- con miedo a respirar el riesgo y expirar el intento, fallido o no, de un amor, viaje, locura o sinónimo a lo reiterado. Arriésgate. Nunca se pierde cuando se aprende.
Cuando tu cercanía se aleje y tus secretos pierdan el morbo de ser contados.
Cuando las paredes no griten una historia bien parada ni las palomas te abran paso a cambio de miedo.
Cuando tus talones detesten besar, selectivos, las aceras horteras para morir en aquel pub.
Y sobre todo cuando el nido es pequeño y tu ambición sobresaliente a conjunto con el ego notable,
Quizá sea el cuco quien deba volar por encima de ese alguien.
Quizá, que significa ten por sentado, debas levantarte y poder desperezarte donde tu caminar sea cotizable, donde hasta el más recóndito chiribitil espere tu pisada y sus inquilinos tu olor a perfume nº "las veces que buscaste perderte para encontrarte aquí".
Huye.