Y que me incineren viva y me pongan el ajuar de decepciones y mentiras que me regalaste cuando lo que querías era enterrarme muerta para meter en la misma caja el collar de tus verdades. Aquellas que defendías -sin regañar y con todos tus dientes- como universales. Al final resultaron ser subatómicas. "Claro que sí, no te creo".
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